domingo, 30 de diciembre de 2012

A jugar que hay mucho por lo que batallar


Toca imaginar y crear y volver a soñar. O sea, lo mejor de siempre.
 
 
 
En la imagen mis muñecas realizadas enteramente en papel japonés y rellenas de arroz pues funcionan cual sonajeros. Si haces click sobre la imagen podrás ver los detalles del chiyogami que he empleado en cada kimono. Son mis conversadoras mágicas, una versión libre y actual de formas presentes en ciertos juguetes tradicionales japoneses. En todo caso una figura de buenos auspicios ¡para que nos llueva la alegría!
 
En este enlace otra pieza de la colección Muñequita linda.
 
Bella suerte para todos y a seguir compartiendo, dialogando.
 
Que les sea hermosa e intensa la vida.
 
 
 
 
 
 
 

lunes, 24 de diciembre de 2012

Mi botella-kimono, divertimento para días de fiesta


 
Saludos amigos de La seduccion del papel. Aprovecho la ocasión de estar celebrando fiestas para felicitarles a todos al tiempo que retorno a este espacio luego de largos meses de andar enfrascada en varias colaboraciones, muchas lecturas y otras escrituras.
 
También para recordar lo que ya he expresado en otro lugar, que "envolver es bastante más que empaquetar, que ocultar. Muy por el contrario se trata de expresar lo contenido, de hacerse uno con él. Como cuando lo hacemos con una hermosa tela. Delicada en extremo, o sencilla sin más, un simple pañuelo de tela puede hacer las delicias de quien ofrece y de quien recibe. Practiquemos el 'arte de ofrecer con arte'. Y hagamos nudos, alianzas de amistad. Exígete arte en lo cotidiano. Ofrece belleza a los demás. Sorprende agradablemente. Protege el medio ambiente (las telas son reutilizables ¿no?) y ¡diviértete!".


Para la ocasión, publico este simpático envoltorio hecho con una tela reversible -con el mismo fin bien podría emplearse un pañuelo con cenefa decorativa- verás que en un santiamén tu botella de cava, sidra o champagne quedará "vestida" de un modo muy original. Necesitaremos tan solo un pañuelo cuadrado de 50-55 cm, la medida es útil para envolver botellas de  75 cl.
 
 
 
 
Sigue estas simples instrucciones y lograrás tu lucida botella-kimono en un par de minutos.
 
 
 
 
Extiende la pieza de tela en una mesa desplegándola en cuadrado. Coloca la botella justo en su centro. Dobla el canto superior hacia afuera unos dos centímetros. Lleva hacia adelante los dos extremos superiores superponiéndolos para formar el cuello del kimono y pasa una liga para sujetar la tela (yo prefiero atarle un trozo de rafia). Dobla ahora el canto inferior otros dos centímetros hacia afuera, pliega la tela contra la botellla. Dale la vuelta y termina el envoltorio con un nudo.
 
Mis aventajados talleristas no tendrán difultad para elaborar esta pieza, divertimento. Y quienes no hayan practicado aún el variadísimo y muy útil arte del furoshiki , del envolver y transportar con telas, aquí tienen la oportunidad de comenzar con este estilo de vida tradicional y contemporáneo. Muy urbano y sobre todo, de uso cotidiano. En este mismo blog podrán hallar, en la etiqueta A libro abierto, más instrucciones de cómo hacer otros sencillos y prácticos envoltorios.
 
A disfrutar que el mundo no se va a acabar. Solo hemos de contribuir a hacerlo más hermoso y mejor.
 
Buen año para todos. Será un placer seguir compartiendo.
 
 
 
 



miércoles, 9 de mayo de 2012

Nota a los lectores



En ocasión anterior observé a los amigos que siguen este blog -también a los curiosos eventuales- como al editar las imágenes y colocarlas en el texto de cada publicación, siempre tengo presente que al hacer click sobre las mismas podrán verse a modo de galería y no solo a mayor escala sino yuxtapuestas, en convivencia unas con otras que también podría decirse. La cuestión no es ni banal ni antojadiza pues así, por medio de la visualidad, el post adquiere nuevos matices, nos cuenta otra historia al tiempo que pueden advertirse, de las obras, una mayor cantidad de detalles.


En el caso que sigue juego con la imagen de otro modo: al exhibirla en solitario le otorgo un protagonismo total, destacándola por lo que ella misma es, luna plena que se adueña totalmente del espacio (la rama en flor es aquí su cómplice).





De Katsushika Hokusai conocido simplemente como Hokusai (Edo –actual Tokio 1760 -1849) es esta hermosa estampa titulada Luna y ciruelo. Pintor y grabador japonés adscrito a la escuela Ukiyo-e, Hokusai fue uno de sus principales artistas. Una curiosidad en torno a su biografía es la diversidad de nombres que utilizó a lo largo de su carrera profesional: Shunro, Sori, Kako, Taito, Gakyonjin, Iitsu y Manji.




lunes, 7 de mayo de 2012

Luz de luna



















En las imágenes, antiguos diseños japoneses para trabajos en laca e impresiones yuzen, (de estarcido sobre tela para kimonos).

Consultar en este mismo blog Fuentes para el estudio de motivos tradicionales en el textil japonés.








Luna, papel y laca


Paneles plegables, pantallas de  papel enmarcadas en madera. Variedad de yerbas de otoño e insectos. Tales son los motivos empleados en esta obra por el maestro Shibata Zeshin (Japón 1807-1891). Con tinta, laca y hojas de plata, entre 1872 y 1891.





El plano compositivo de la derecha ha sido reservado para la luna plena. Pequeñas manchas -aguadas de ligerísima tinta-, sugieren a través de su superficie un golpe de repentina, iluminada niebla.






Entre 1870 y 1880, Zeshin añadió una técnica novedosa a su repertorio. En respuesta a la popularidad alcanzada por el óleo, comenzó a pintar paneles de papel con laca. La naturalidad de los tonos oscuros y la fina y lustrosa superficie característica de la laca añaden el ilusionismo espacial que la técnica de pintura al óleo, llegada de occidente, aporta.





Particularmente hermosas y matéricas son las huellas dejadas por el pincel -ciertos goteados-, los rastros de tinta difuminados en el panel de la izquierda. Su grácil y oblicua rama desafiando la rigidez del marco compositivo.

Esta joya forma parte de las colecciones del Metropolitan Museum de Nueva York.



























Del kaki , fruto divino


He aquí los frutos del Dyospirus kaki o ciruelo japonés. Priman su turgencia, abundancia y colorido.





La magnificencia del fruto que ha nacido de esta flor.





Antes de caer las hojas del kaki se encienden de un rojo, naranja flamígero.




 Culminando su ciclo, en el
sinuoso entrelazado de las ramas, ya desnudas, aún destaca la exhuberancia de sus frutos.





Líneas en arabesco compositivo, a juego con la plenitud de sus frutales volúmenes y asimétrico ramaje.

Todo esto en un sencillo árbol de cualidades pictóricas.


Así en esta obra que se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York. Fue realizada por Sakai Hoitsu (Japón 1761-1828), a finales de agosto de 1816. Son dos paneles pintados con tinta, a color (143,5 x 162,6 cm).



 


 La rama atraviesa completamente el espacio, ocupando los dos paneles en decorativa, dinámica diagonal.





Gracilidad del ramaje, formas flexibles que ceden y al tiempo sostienen con fuerza sus preciados frutos.




Mucho se aprende de la deleitosa observación de la naturaleza y el arte. 


Las fotografías que aquí muestro se localizan en esta muy bien estructurada página de clasificación de árboles y plantas (en inglés).

miércoles, 11 de abril de 2012









En una estampa de Utamaro, en una ilustración de los años veinte: belleza femenina y disfrute. Imaginarios enlazados en el tiempo.

De lo carnal siempre presente, los placeres efímeros, el goce y su materialidad, la vida.

 Me gustan los aromas y la palabra pintalabios.